¿Qué es y para qué sirve la semiótica?

Parece una de esas palabras domingueras, de esas que se usan para llamar la atención en las reuniones familiares, o bien, esas palabras que usas para justificar que fuiste a la universidad. Pues bueno, la semiótica, grosso modo, es “una rama de lingüística y la filosofía”.

¿Parece que no dice mucho, verdad? Pues bien, en primer lugar pensemos su relación con el lenguaje, lo que hace la semiótica es estudiar -por así decirlo- los significados. Las palabras se componenen de letras (duh!), pero las letras unidas al azar no crean significados, aquellas que tienen un ordem y tienen una forma específica de ser pronunciadas, son palabras, cuando ejercemos el sonido de una palabra le damos vida a esa palabra. Pero ésta, no será nada sin el significado, o sea la representación mental de la palabra, o la imagen que se crea en nuestras mentes cuando se dice una palabra.

Con lo anterior, podemos entender por qué la gente no se entiende: las personas no ponen en común los mismos significados, y esto puede pasar por muchas razones, porque hablan diferentes idiomas, por ejemplo, o porque cada persona tiene un signficado diferente para una palabra, o conjunto de éstas.

Siempre me ha gustado poner definiciones en mis propias palabras, pero veamos qué dice la RAE sobre la semiótica:

1.

Ciencia que estudia los diferentes sistemas de signos que permiten la comunicación entre individuos, sus modos de producción, de funcionamiento y de recepción.

sinónimos: semiología
  1. 2.Teoría general de los signos.
  1. 1.De la semiótica o relacionado con ella.

    “modelo semiótico; campo semiótico; función semiótica”

  2. 2.nombre masculino y femenino

    Persona que se dedica a la semiótica.

Por un lado, la semiótica estudia el signo, éste es también llamado el “signo lingüístico” el cual, a su vez, fue estudiado desde dos perspectivas: Saussure desde la lingüística y Pierce desde la lógica pragmática. Esto hace que el signo se estudie de diferente manera dependiendo el autor, para Saussure el signo es: significado/significante. Mientras que para Pierce es representamen/interpretante/objeto.

Bueno, ahora ya sabemos qué es la semiótica, sabemos que tiene que ver con la lógica, la lingüística y la filosofía, ¿pero para qué sirver? Andar estudiando signos es muy divertido para algunas personas (principalmente nerds como yo), pero no todos le encuentran la misma utilidad. La semiótica busca la interpretación y producción del sentido.

Podríamos decir que esta rama o disciplina estudia “lo más puro” de la comunicación, el sistema de significados mediente el cual nos comunicamos; a los procesos de formación de significados, o de abstracción, le llamamos semiosis, hacemos esto todo el tiempo y es aquello que verdaderamente nos separa de los animales, pues ellos también se comunican, pero no pueden construir un lenguaje, carecen de signos, por lo tanto de sistemas y no pueden crear signficados.

Ahora, hay diferentes formas de estudiar la semiótica, y mi favorita es la semiótica social, la cual intentare explicar de la siguiente manera: Es una forma de estudiar la semiósis que se da en las personas que reciben los mensajes, no tiene que ver con un método para estudiar el lenguaje, sino una forma de estudiar la producción y manipulación de signos.

Bueno, por decirlo de alguna manera eso es. Aunque la idea de la semiótica social es reamente muy reciente, surgió apenas en la década de los ochenta, esa década que nos trajo películas legendarias, música que sigue de moda y videojuegos, pues trajo nuevas ideas teóricas sobre la forma de estudiar el signo.

¿Pero por qué hasta ahora? Fácil: por los medios de comunicación, antes había menos medios, mucho antes ni siquiera había medios electrónicos, desde esa década, y más en el presente, tenemos un montón de información por todos lados, en la televisión, radio, cine, smartphone, tablet, computadora y todo lo que existe en internet. Por lo tanto la producción del sentido, así como la del signo y sus estudios deben actualizarse, porque ya no estamos hablando sólo de un signo que se estudia con un método lingüístico, sino que ahora tenemos imágenes y otras formas de crear formas de significación.

Es por esto que me interesa tanto estudiar la semiótica social, porque vivo en un mundo sobrecargado visualmente, y donde los signficados no están por accidente, la gigantesca maquinaria que son los medios de comunicación masiva tienen efectos en la sociedad, y una de las formas de crear esos efectos es manipular y/o producir los signos desde un dispositivo de transmisión, o sea los programas, la publicidad y todo aquello que pueda llegar a nuestros ojos.

Y debido a esto, es importante mantener siempre la atención, pues los significados están ahí, y nos volveremos mejores comunicadores, emitiendo y recibiendo mensajes, si nos volvemos expertos en estudiar los signos.

 

Bueno, espero haberles dejado con más dudas, asi, con suerte, seguirán visitando este blog hecho porque no puedo dormir 😛

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¡Gracias y hasta la siguiente semana!

Semiótica social en La Leyenda de Korra

Nota: Si ya sabes qué es La Leyenda de Korra, te recomiendo saltarte los primeros dos párrafos. En caso contrario, te recomiendo leerlos y ver la serie, así como La Leyenda de Aang, ambas muy buenas.

La Leyenda de Korra es una serie animada producida por Nickelodeon y transmitida en el mismo canal. Es la secuela de La Leyenda de Aang, donde el último maestro aire intenta restablecer el balance en el mundo y sus pobladores. Se trata de un mundo fantástico donde existen 4 territorios que generan identidades: El Reino Tierra, la Nación del Fuego, la Tribu del Agua y los Nómadas Aire. En cada uno, las personas (no todas) tienen el poder de controlar el elemento que representa su nación, tribu o reino.

“Pero todo cambió cuando la nación del fuego atacó” causando una guerra que duraría 100 años. El avatar Aang salva al mundo; pero su tiempo se acaba y reencarna en un nuevo cuerpo: una niña de la tribu agua llamada Korra. Ella viaja a Ciudad República, una ciudad que recuerda a Hong Kong y Nueva York en los años 20. Es una ciudad industrializada donde conviven personas de las 4 naciones, así como personas sin poderes (no-maestros). En esa ciudad existe un movimiento “anti-maestros” (personas que controlan los elementos), es un grupo de personas que buscan igualdad y atacan a la ciudad y su gobierno. Korra debe cumplir con su deber como Avatar y traer balance al mundo.

(La verdad cuesta trabajo intentar resumir el mundo de Avatar en sólo dos párrafos)

Ahora sí, empecemos…

Ciudad República, ciudadanía y frontera.

Lo primero que se puede notar en esta serie es la ambientación, Ciudad República es una metrópoli compleja. Tiene su propio sistema de gobierno, policía, comercio, tecnología, industria, etc. En el mundo de Avatar, sin embargo, esto me hace pensar en cómo cambia la vida de ese mundo, mientras en La Leyenda de Aang cada nación, tribu o reino estaba bien divido y las diferencias se notaban claramente, Ciudad República es una ciudad-frontera donde conviven maestros y no-maestros de todo el mundo.  Es de igual manera, una ciudad industrializada que está experimentando el capitalismo.

En ese escenario es donde ocurre la historia y el conflicto: una guerra civil por derechos de igualdad. Con esto podemos observar la evolución de la sociedad, ya no es una sociedad preocupada por una expansión territorial como símbolo de poder (Leyenda de Aang), sino de la vida social que ocurre en un espacio determinado pluricultural donde existen marcadas fronteras entre los maestros y los no-maestros (los segundo se tiene que definir en función de los primeros), estos últimos se sienten desplazados social y políticamente, por lo que buscan apropiarse de sus derechos.

Encuentro bastante interesante Ciudad República porque en su concepto de “frontera”, quizá no una frontera geográfica o política, sino social, se convierte en un escenario que genera nuevas formas de interacción. Si bien los humanos nos construimos mediante símbolos, esta es una ciudad donde 4 identidades nacionales se conjugan para formular nuevas identidades. Por ejemplo, las familias cambian con respecto a la serie predecesora, en ésta, dos hermanos pueden controlar diferentes elementos debido a que sus padres eran de naciones distintas. Crean una nueva forma de familia que no está basada en un estado de igualdad, sino en la diferencia.

La diferencia es lo que constituye a Ciudad República, pues a través de esta, se busca la igualdad. Sin embargo, esta ciudad evolucionó drásticamente, en gran mediad, debido a la mezcla de tecnologías de las naciones de ese mundo. En su gobierno, llevado por maestros que controlan los elementos, podemos notar cómo se definen los sujetos por su contexto político, social y cultural, donde existen normas que ya están funcionando – al menos para cuando empieza la aventura de Korra- , y que al mismo tiempo, estas normas se convierten en el espacio de resistencia de los Igualitarios, el grupo opositor al gobierno que busca la igualdad, aunque yo propongo la idea que aquello que buscan es más bien la ciudadanía.

El grupo de los Igualitarios actúan como un grupo de resistencia, yo pensaría en ellos como un grupo compuesto de actos críticos. Son los primeros en liberarse del poder del Estado, descifran los elementos que componen la ciudad y actúan bajo la idea de obtener una posibilidad de condiciones más incluyentes. Aunque como grupo radical eso significa acabar con los maestros de los elementos (para mi, todo iba bien hasta eso último). Las acciones de este grupo son mediante la identificación de límites de ruptura a través del miedo que causa Amon, el líder de los Igualitarios quien tiene el poder de quitar la habilidad de controlar los elementos a los maestros.

Creo que es en esa maravillosa ciudad fronteriza donde podemos encontrar nuevas formas de conocimiento. Por ejemplo, el Avatar encuentra en esta ciudad una manera de volver a entender su control sobre los elementos. Esta ciudad nos muestra también cómo se conforman las relaciones sociales, existen las identidades colectivas: maestros, no-maestros, Igualitarios. Se crean de manera más marcadas las nociones de otredad y así como la de “nosotros-ellos”. Se crean características estereotípicas de los grupos para crear diferencias.

Los igualitarios ocupan la ciudad como un territorio de experimentación, donde se busca legitimar su cultura a través de la oposición a la cultura y gobierno dominante. Lo encuentro interesante porque creo que en la idea de esa imposición de significados, se busca crear una “significación universal” que legitima la diferencia.

Korra es un ejemplo interesante de frontera, al tener la habilidad de dominar los 4 elementos se convierte en el puente que une las identidades del mundo, pero se encuentra en una ciudad donde estas identidades han cambiado.  Sin embargo, para Korra la frontera no representa un obstáculo, sino una posibilidad transformadora mediante la cual puede recuperar el balance en la ciudad.

Recordemos que las fronteras son lugares (no necesariamente físicos) donde ocurren procesos de cambios, de interacción y de traducción (no sólo de lenguas). La idea de la frontera crea una necesidad de “pasar nuestro mensaje al otro lado”, ¿cuánto podemos traducir de nuestra identidad a otra persona en un contexto diferente? y ¿cuánto de eso puede ocurrir si habitamos el mismo espacio?

La Leyenda de Korra es una de mis series animadas favoritas, creo que los creadores han hecho un esfuerzo gigantesco por crear una serie que tenga una base social compleja, en mi opinión Ciudad República es un personaje más en la historia. La frontera que se crea por la interacción tiene efectos sociales, políticos y culturales. A veces creo que exagero al buscar significados en todo lo que veo, pero creo que éstos siempre están ahí, sólo debemos observar con más atención.
La próxima semana continuaré sobre mis interpretaciones semióticas de esta serie, que como dije arriba, si no han visto se las recomiendo mucho.

Posporno: un acto de resistencia y contradiscurso

El posporno se contrapone al discurso normativo del porno tradicional, ya que éste está pensado, producido, grabado, editado y consumido principalmente por un público masculino. El posporno se convierte en una herramienta contradiscursiva a la normatividad estética, política, corporal y sexual  del porno tradicional.

En el porno tradicional encontramos una normatividad de los cuerpos masculinos y femeninos, donde se plantean como “perfectos” cuerpos femeninos con pechos y caderas grandes y piernas torneadas. Y cuerpos masculinos con grandes músculos y penes enormes. Este es el discurso normativo corporal que encontramos en el porno tradicional. La realidad es que estos cuerpos son producidos por muchos factores tecnológicos, desde el maquillaje y la edición hasta los implantes de silicona. El posporno no busca representar esos cuerpos híper producidos, en lugar de eso, posiciona cuerpos comunes, sin operaciones ni maquillaje, ni efectos de luces ni prácticas tecnológicas. La razón de esto es mostrar los cuerpos como son mayoritariamente, no pretende segmentar en “cuerpos reales” y “cuerpos producidos”,  es una práctica artística-política donde los cuerpos se convierten en una serie de discursos que rompen con el régimen hegemónico de la representación de la sexualidad.

Se trata de convertir los cuerpos en “visibles” a través de la apropiación de un espacio controlado patriarcalmente. El posporno es un acto de resistencia, producido mayoritariamente por mujeres y pensado también para mujeres. Pero también es producido y consumido por aquellas personas que no se sientan representadas por el porno tradicional. Aquellas multitudes que no teman a la experimentación de una sexualidad no hegemónica heterosexual. El posporno es para cualquiera que quiera liberarse de las normatividades corporales y de prácticas sexuales.

Es la articulación de los discursos y prácticas de Deleuze, Butler y Preciado. Es un efecto de la teoría queer. La práctica posporno no busca entender o explicar nada, busca transformar lo existente. Una subversión a la Clínica foucaultiana, una desujeción de la biopolítica y la somatopolítica, liberarse de la política del gobierno de los cuerpos, ya sean libres o política y médicamente patologizados. Los sujetos pueden posicionarse fuera de las normas.

Si los elementos visuales semióticos en el posporno se utilizaran como una herramienta pedagógica obtendríamos varias generaciones de personas que acepten, más que la igualdad, las diferencias. Que entiendan que hay cuerpos y prácticas que no deben seguir una gramática de consumo masculino. Los cuerpos en el porno, ya sea tradicional o posporno, son máquinas productoras de significados, y el consumo continuo de cualquiera de éstos producen significaciones que pasarán a ser parte de los sistemas semióticos de aquellas personas que lo consuman.

La sexualización de la violencia es un ejemplo ideal del habitus pornográfico tradicional. Si observamos con detenimiento el porno heterosexual es común que dentro de la práctica sexual se violente de alguna manera a las mujeres. Durante el acto sexual retratado en la pornografía veremos golpes moderados, cachetadas, jalones de cabello y un lenguaje ofensivo. No confundamos esto con la práctica sadomasoquista, donde hay un acuerdo previo de las prácticas corporales (que para ese efecto práctico, no es violencia). Lo que sucede es que se cree que esos golpes y ese maltrato forman parte del acto sexual, por tanto se vuelve parte de la práctica sexual y por lo mismo, muchas veces es soslayada, sin embargo, al ser una práctica no acordada, es un acto violento.

Como mencioné antes, muchos consumidores de porno han aprendido a tener relaciones sexuales a partir de éste por lo que recrean aquello que ven en las películas. La práctica violenta se perpetúa bajo un sistema de significaciones sexuales normalizado por la industria pornográfica tradicional.

Lo que considero importante es reflexionar sobre los cuerpos y las prácticas sobre estos, pues cuando son mediatizados nos podemos encontrar con muchas trampas visuales. Para combatir eso debemos entender los cuerpos y  sus prácticas como productores de significados que podemos utilizar. Reapropiarnos de nuestros cuerpos sujetos a las normas estéticas, políticas y jurídicas.

Esta breve entrada sobre el posporno, debo decir, que más que explicativa es reflexiva. No busco evangelizar sobre el porno o el posporno, considero que ambas prácticas contienen procesos simbólicos interesantes. Tampoco pretendo hacerme pasar por un experto de estos temas, para eso están los creadores y creadoras del porno y el posporno. También sé que no mencioné a Annie Sprinkle, pero eso espero hacerlo un día no muy lejano y dedicarle a su trabajo una entrada completa. También sé que faltó mencionar el trabajo pornoterrorista de Diana Torres, pero como con Annie, su trabajo merece su propia entrada.

Si quieren informarse más sobre el posporno y otras cosas interesantes, les recomiendo muchísimo dos documentales:

“Mutantes: Punk, Porn and Feminism “dirigida por Virginie Despentes, lo pueden encontrar en el catálogo de Netflix de EEUU y “Mi sexualidad es una creación artística” de Lucía Egeña Rojas. Ambos documentales muy buenos, con excelentes entrevistas a los y las principales creadores y creadoras de este género.

El porno como política y discurso

En 1972 Gerard Damianco, financiado por la mafia californiana, realiza la película “Garganta Profunda”, es hasta la fecha una de las películas más vistas en toda la historia del cine y visibilizó de forma mediática la forma en que se entenderán los actos sexuales modernos. Causó gran polémica y esto generó que la gente no dejará de prestarle atención, desde entonces la pornografía se ha convertido en uno de los productos más consumidos a nivel mundial.

El porno como industria se solidificó en gran medida gracias a esta película. Este fenómeno trajo consigo la lucha entre feministas, aquellas que pensaban que no se debía lucrar exhibiendo el cuerpo de la mujer, o mostrando una relación donde se enfatizaba su rol como producto sexual consumible; en ese momento el feminismo y la derecha política se unieron por primera vez. Mientras otras feministas abogaban por el derecho de ejercer libremente su vida sexual, si era por decisión propia, aparecer en una película pornográfica era válido y no debía criticarse, pues las mujeres deben disfrutar su cuerpo como un territorio cuyas decisiones sólo les conciernen a ellas.

El debate de la libertad del cuerpo y de la identidad engendró no sólo la polarización social y feminista, enseñó que la sexualidad es una práctica que siempre existirá, pero que debe ser regulada, se formó así la pornopolítica. El porno es una máquina discursiva, un instrumento pedagógico, una forma de control y liberación de la sexualidad.

Beatriz Preciado ya había anticipado una relación tecnopolítica del porno, no sólo con la sexualidad, sino con las identidades de género y las formas en que hoy en día ocurren las prácticas sexuales. Para Preciado la industria del sexo “no es únicamente el mercado más rentable de Internet, sino que es el modelo de rentabilidad máxima del mercado cibernético en su conjunto: Inversión mínima, venta directa del producto en tiempo real, de forma única, produciendo la satisfacción inmediata del consumidor”[1].

A este modelo de mercado, pensamiento y acción, Preciado lo denomina “Lógica Masturbatoria”, el porno obedece a esta lógica, se produce y consume con base en ésta.

La pornografía es un producto capitalista, los cuerpos que lo constituyen son parte del producto cuyo fin es, inevitablemente, producir dinero. En la configuración pornopolítica no existen los sujetos, existen objetos que realizarán acciones para que sean grabadas, editadas y finalmente distribuidas. Esta práctica confirma la lógica masturbatoria de Preciado.

Sin embargo, el porno en su estructura sexo-semiótica se ha convertido en un método pedagógico de la sexualidad humana, y en muchos casos, enseña más que las escuelas con sus -a veces- obsoletas formas de enseñar la sexualidad.

Hoy en día acceder al porno sólo requiere de conexión a Internet, aún existen las publicaciones impresas, pero son cada vez menos populares.

El porno, siguiendo la lógica de los signos sexo-semióticos, ha trazado una gramática de las relaciones sexuales: la felación, la penetración y la eyaculación masculina.

Muchas personas alrededor del mundo han practicado esta rutina porque es la que aprendieron, lamentablemente esta práctica fue hecha a partir de una idea pornopolítica capitalista donde se piensa que el único consumidor de porno es el hombre. Así la relación sexual capitalista es pensada, producida, distribuida y luego practicada para el género masculino.

El porno se ha esforzado en enmarcar las dimensiones de los cuerpos, los ha materializado en un producto, si bien capitalista, yo postularía artificial.  Este material explícito nos da lecturas corporales donde todos los hombres tienen cuerpos musculosos, penes de 21 cm y representan una supuesta virilidad de macho alfa. Lo mismo sucede con el cuerpo de la mujer, todas ellas tienen pechos muy grandes, cinturas muy pequeñas y piernas y glúteos bien torneados, y en algunos casos, para lograr dicha estética, son válidas las cirugías plásticas y  el uso excesivo de la silicona.

Estos cuerpos producidos han posicionado un modelo único de belleza, sin embargo, éstos, como efecto de la pornopolítica, son pura ficción. Entre sus consecuencias, muchas personas consideran ese estándar corporal como una meta, se enseña entonces a negar el cuerpo propio, lejos quedan las ideas de auto aceptación.

El porno es irreal, sin embargo, su consumo continuo ha logrado desaparecer esa noción, el porno, como máquina, ha posicionado nociones de falsedad como reales. El porno ha politizado los cuerpos, los ha convertido en un territorio utópico, hace que los cuerpos sean deseados, deseables y reales gracias a su gestión pornopolítica, productos listos para ser consumidos bajo la lógica masturbatoria.

Trucos de cámara, maquillaje, Viagra, luces, efectos, retoques en postproducción, el porno es una máquina y éstos son sus engranes.

Aquello que entendemos hoy en día como “normal” es la repetición indefinida ya sea de un discurso, imagen, comportamiento, idea o cualquier otra cosa. El porno, como máquina discursiva, por medio de su repetición gramatical de las relaciones sexuales, ha demostrado ser un elemento importante en la producción de los actos normalizadores, ha politizado las relaciones heterosexuales, y se ha convertido en un punto de referencia para toda relación sexual.

¿Qué vemos usualmente en el porno?

Penetraciones. Parece que es imposible ver este material sin ser testigos de una penetración, en su función sexo-semiótica, ésta, hará de representamen en la triacidad de semiótica pierciena y logrará el efecto de representación mental, donde formulará que “toda relación sexual es penetración”, en el porno, todo cuerpo es excitable, si bien por medios naturales o por medio de fármacos, y al ser excitable se convierte no en un sujeto, sino en un objeto que puede penetrar o ser penetrado.

El acto de la penetración trabaja como representación de poder, donde el cuerpo penetrado representa la pasividad, Desmond Morris la describiría en su Zoo Humano como una pasividad exclusiva de las hembras, y cuando otro macho es penetrado, su cuerpo, aunque biológicamente masculino, cumple una de las funciones, que en ese supuesto comportamiento primitivo y animal, es único de las hembras.

La penetración ha creado la ilusión de pertenencia, postula que nos pertenece aquello que penetramos, la idea socialmente construida de la virginidad se sustenta en una lógica machista: un pene puede cambiar la forma en la que una mujer es percibida tanto por la sociedad como por ella misma, donde una penetración convierte a una mujer en otra o le reformula el valor social; o bien, la convierte en un territorio u objeto que se posee.

Más allá de las funciones sociales de la penetración, el porno -al menos el porno tradicional- nos ha enseñado que los cuerpos masculinos no pueden ser penetrados, nunca se ve a una mujer penetrando a un hombre –y para esa penetración nunca se formula que la mujer tenga pene-, porque esa práctica asume que una mujer puede poseer a un hombre, cuando la práctica biopolítica del porno ha enfatizado todo lo contrario en su discurso.

Con esto, la penetración por parte de mujeres a hombres está completamente fuera de los alcances heteronormativos, aunque esta práctica no signifique asumir una identidad o preferencia sexual. Así el porno ha politizado los cuerpos y los ha convertido en territorios cuyo acceso está restringido por normas visuales repetidas, actos normalizados.

Las prácticas sexuales se regulan en función del público al que dirigen la pornografía y usualmente, se entiende que es para hombres, normalizando así las formas, alcances y usos que tendrá un cuerpo masculino en la relación sexual.

Por otro lado, existe otro tipo de porno, aquél que busca no estar en la normatividad tradicional, o aquél que pretende reformularse como acto discursivo, de producción y significación.

 

La próxima entrada: Posporno y porno subversivo como acto de disidencia sexual.

 


[1] Preciado Beatriz, Testo Yonqui, Espasa, España, 2008, pág. 36

La mente como máquina: Los signos que derivan en acciones.

Las acciones que llevamos para interactuar con el mundo exterior que podemos percibir, están basadas en un proceso mental que ocurre en un plano imaginario de nuestras mentes, en el cual ocurre la semiosis. Todos aquellos signos que forman parte de nuestro propio pensamiento y, si cabe decirlo, identidad, funcionan en conjunto para crear una maquinaria de acciones.

En las primeras entradas hablé de los sistemas semióticos bajo una interpretación peirciana, expuse cómo el conjunto de signos que están interrelacionados y su interdependencia hace que se forme el sistema, desde donde se actuará. Si pensamos en ese sistema construido constantemente de nuevas significaciones, los signos interpretados tendrán una significación variable de acuerdo al contexto. Pero es el sistema el cual, con base en los signos ya existentes, interpretará otros signos y esto se transformará en una o más representaciones mentales variables y, de cierta forma, únicas.

El plano imaginario donde ocurre la semiosis está dividido en dos: el plano mimético y el plano semiósico (Vaninni, 2007).

En el primero los referentes son interpretados, y con el segundo son performados. Así, los significados que ocurren en estos planos, son consecuencia, en gran medida, de acciones sociales. Aquí se determinará el auto conocimiento del ser, de la propia mente y las interpretaciones de la sociedad.

La performación de los signos

La performatividad es la acción continua del discurso, también puede ser la acción continua de un sistema de signos. El punto importante es convertir los discursos en acciones. Una persona actúa basándose en su propio sistema semiótico, performando su propia identidad construida de signos que ha obtenido durante toda su vida.

La violencia es el acto performativo de una cadena de signos, aquí deberíamos prestar especial atención a la neurolingüística, donde se explica el proceso mental de las palabras, el tiempo de respuesta entre el signo percibido y la significación es de algunas millonésimas de segundos, esto lo podemos entender  como una velocidad no estandarizada de la semiosis. Y las palabras en su detonación implican emociones y sensaciones que se crean a partir del proceso semiótico.

La violencia se forma y enmarca, así la violencia y la no violencia no son sólo estrategias o tácticas, sino que forman al sujeto (Butler 2010).

Podemos usar el ejemplo de la violencia como una forma de estudiar la ontología a partir de la estructura de sistemas semióticos. Y así como la violencia actualmente ha invadido los medios de comunicación, las semiosis acerca de ésta se han convertido en un acto normalizador, los medios convirtieron la violencia en lo normal, lo cotidiano.

Como expone Butler en su libro Marcos de Guerra (Paidós, 2010), el sujeto es violentado desde el momento en el que nace, pues se le asigna un género y con éste devienen una infinidad de signos adheridos a éste, los cuales generan un comportamiento esperado de los sujetos, reduciendo así sus verdades opciones de expresión humana. El sujeto está controlado con violencia pasiva desde el momento en el que nace.

La repetición como acto normalizador

Aquello a lo que la sociedad da la significación de lo “normal”, es la repetición continua de la performatividad de los discursos. Aquí es interesante notar como los actos normalizadores han devenido con gran variedad a través de las civilizaciones.

El acto normalizador estará regulado de forma multidisciplinar donde podemos intersectar elementos como la economía, la geografía, el momento histórico, la cultura y, actualmente, los medios de comunicación tradicionales: El cine, la radio, la televisión y la prensa. Si la performance ocurre en estos medios, el acto normalizador será asimilado más rápido y reproducido por la sociedad.

 

Por lo tanto, no debemos dejar de tomar en cuenta que así como el signo puede crear al sujeto, la sociedad también crea al signo.

Breve análisis a la imagen de leche Lala

Estamos rodeados de imágenes, interactuamos con éstas todo el tiempo y recibimos sus mensajes cada vez que las vemos. Las imágenes usadas en la publicidad tienen una especial atención a cada elemento que interactúa dentro de ellas: la luz, los colores, la perspectiva, la posción de la cámara, la distancia, entre muchas otras cosas. Nada en una imagen publicitaria está ahí por accidente.

Hace unos días, mientras desayunaba, vi con un poco más de atención la imagen que está en el envase de la leche entera Lala. Podría parecer una exageración mía, pero los elementos que componen la imagen están ahí para que nuestros cerebros interpreten la supuesta armonía y estética que existe.

Veamos:

Primero, quitemos los elementos de la marca, que claro son importantes, pero no son el objeto de estudio. Nos quedamos con la imagen de cuatro personas: aparentemente, una familia tradicional y feliz.

Ahora, pensemos en los colores que interactúan: rojo, amarillo, azul y verde. Los primeros dos son colores cálidos y los portan los niños. Los otros son portados por los adultos y son considerados colores fríos. Abordemos esto a partir de la psicología del color:

El verde es el color de la estabillidad, de la integración y de la sensibilidad madura. Como se puede observar en la imagen, este color es usado por la madre.

El padre, como tradicional líder de familia, usa el color azul: Expresa confianza, libertad, tranquilidad.

La niña, usa el color amarillo: El color de la alegría y la luminosidad.

Finalmente, el niño en color rojo: El color de la pasión, de lo emocionante y lo agresivo.

Hasta ahora, podemos concluir que los elementos de color en esta imagen obedecen a una función comunicativa donde éstos también representan roles tradicionales. Mientras la niña es amarillo y es felicidad “tranquila”, el niño en rojo es impulsiivo, pasional y hasta agresivo. El hombre, padre de familia, en un color frío también asociado a la inteligencia se complementa con el verde de la madre, donde su función es la integración de los otros elementos.

Pero esto es relativamente fácil de observar, podemos ir un poco más allá:

En la imagen hay cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, todo aparentemente normal hasta ahí. Sin embargo, según esta imagen, la familia tradicional debe tener como primogénito a un varón, la niña será la menor. La madre, abrazando a su familia, está comunicando que es ella quien los cuida, cumpliendo su supuesto rol social como cuidadora de hijos y de esposo. Sin embargo, la madre está abrazando sólo a la hija y al padre, dejando al niño fuera. En ese sentido, puedo suponer que se debe a que el niño es esterotípicamente más independiente que la niña. Las niñas “necesitan” más cuidado que los niños, mientars ellas “deben” estar sentadas, los niños pueden salir, correr y ensuciarse, algo mal visto en una niña, con base en esa visión tradicional.

¿Qué está reflejando realmente esta imagen? A simple vista es sólo una familia sonriente, pero considero que los elementos de los que está compuesta siguen obedeciendo patrones esterotípicos con el fin de lograr una identificación. O de dar la imagen de que éso es lo que representa Lala: La supuesta familia tradicional.

¿Pero quien hizo esta foto pensó en todo eso? ¿O será algo tan incrustado en nuestro inconciente que creemos que es como debe ser?

En cualquier caso, dentro de la comunicación, y más aún en la publicidad, el adecuado manejo o manipulación de signos y simbólos es una clave fundamental para el éxito y que el mensaje sea recibido adecuadamente. Si nos volvemos manipuladores de signos, seremos mejores emisores y receptores de mensajes.

LALAENTERA

El lenguaje y el comportamiento. Parte 3.

Todo mundo sabe que la significación esperada del insulto es que la otra persona quede ofendida por aquello que se dice. Pero, ¿estamos consientes de la significación subyacente de los insultos?

Personalmente, creo que las personas usamos las palabras y frases para insultar sin pensar en su origen, bueno, eso es obvio, quién se va a poner a pensar en el origen de cada cosa con la que quieres ofender a alguien segundos antes de lanzar el insulto.

Como mencioné en la entrada anterior, Peirce explica los procesos semióticos de forma diferente a Saussure, mientras el segundo establece el signo lingüístico compuesto por el significado y significante, el primero propone que hay tres elementos para que exista una semiosis: el objeto, el signo o representamen y el interpretante. Lo interesante es que cada uno de estos elementos interactúa con los otros dos, dando así explicación a ciertos procesos semióticos sociales, los cuales, son variables. Esto nos llevará a un mejor entendimiento de la semiosis.

Regresemos a los insultos, es lamentable que aquellos que buscan causar mayor daño, se caracterizan por contener una significación misógina o machista, veamos un ejemplo:

“Pegas como niña”

Tal vez en el contexto de un análisis estructuralista (o lo que esto pretende ser), pueda ser más claro el efecto de dicha frase, aún así, revisemos los elementos: habla de un “golpe” como agresión física, luego compara la fuerza de esta agresión con la de una niña, o sea una persona de género femenino. Por tanto, dentro de la semiosis se entiende que una mujer no puede ser fuerte, ni tanto ni más que un hombre. Se mantiene el estereotipo de la mujer como sexo débil y al atribuir esta característica a una persona de género masculino  se busca reducir esa masculinidad, para entonces, ponerlo en el nivel de una mujer. Creo que es bastante claro a dónde va todo eso.

Otro ejemplo son las palabras “puto”, “joto”, “marica”, etcétera; estas palabras originalmente designaban a personas de cierta preferencia sexual (homosexuales), en el uso, con éstas se atribuyen elementos estéticos o de comportamiento social, los cuales son entendidos como pertenecientes únicamente al género femenino. Otra función es designar la falta de valor o la cobardía en una persona.  Por tanto, en la semiosis se da a entender que tanto mujeres como homosexuales son cobardes y que lo femenino tiene menos valor que lo masculino

El plan, es siempre comparar al hombre heterosexual con el que no lo es, dando, indiscutiblemente, más valor al primero.

Este fenómeno, no es aislado, habría que abordarlo de forma multidisciplinaria para entender de mejor manera todo aquello que fomenta, mantiene y cambia.

El lenguaje no es perteneciente a un género, siendo así, hombres y mujeres utilizan de forma aparentemente inocente estas palabras, sin embargo, en ambos casos lo hacen sin darse cuenta de aquellas ideas que siguen alimentando.

Estos insultos, se difieren de lo que comentaba las entradas pasadas, en este caso la intención es ofender mediante una comparativa sexista, en las anteriores había otra intención detrás de las palabras o el juego de doble significación de éstas.

De acuerdo a los elementos de Peirce, podemos ver cómo funciona:

El objeto (el emisor) lanza un mensaje (signo o representamen) para que tenga un efecto sobre alguien (el interpretante).

En este caso las palabras o las frases carecerían de importancia si no existieran los otros dos elementos, pues es a través de ellos que las palabras cobran significado. Por lo tanto, somos los humanos quienes le damos mayor peso a las palabras y a todo aquello que escuchamos, validamos o descalificamos a través de nuestro lenguaje.

Así que sólo queda decir, que hay que tener más cuidado con aquello que decimos, aunque parezca que no lo pensamos, podemos estar actuando o hablando de forma sexista o misógina sin darnos cuenta.

 

 

En la próxima entrada, algo por lo que debí empezar: ¿Qué diablos es la semiología social?

El lenguaje y el comportamiento. Parte 2.

Partamos de la idea de que como animales que somos, siempre buscamos establecer un tipo de dominio, sobre todo si se trata de personas que buscan el liderazgo de un grupo. Así, el lenguaje no tendrá una función simplemente comunicativa, sino también de cohesión o desintegración social. Abordar el lenguaje como un fenómeno social siempre será una aventura y debido a su subjetividad, habrá aproximaciones más acertadas que otras.

Entendamos que todo discurso es persuasivo por definición, pero además, como mencionaba la entrada pasada, tiene una función de dominación, es común ver que ciertas personas, principalmente hombres, mantienen un discurso sexual con otros hombres, esto no es con la finalidad de mantener una relación sexual verbalmente, sino como una forma de establecer su control y dominio.

Por otro lado, muchas personas usan su discurso lejos de estos elementos, centrándose así en lo que podríamos denominar “trampas discursivas”, las cuales tienen como principal característica preparar un discurso donde haya elementos que pueden ser fácilmente mal interpretados. Un ejemplo estereotípico de esto –perdón por usar estereotipos- es cuando una mujer le dice a su pareja: “¿me veo gorda con esto?”. Lo más probable es que no haya una respuesta correcta para esa pregunta, la razón radicará en que la respuesta correcta siempre estará en función del propósito de la persona que pregunta.

Dentro del estudio de la semiótica, Peirce innova con respecto a la semiótica binómica de Saussure, replanteándola como una relación del objeto (el emisor del mensaje) el signo (el mensaje) y el interpretante (el receptor del mensaje). Retomemos el ejemplo de arriba: “¿me veo gorda con esto?”. El objeto (la persona que emite el mensaje) dará una significación al signo (el mensaje) para que el interpretante al responder interactúe con éste.

Lo interesante de todo este proceso comunicativo semiótico es que, como dije arriba, no hay una respuesta correcta. Entendamos que el signo tendrá una relación con el objeto y el propósito de su efecto en el interpretante. La trampa radica en que el receptor del mensaje no conoce la intención del objeto y por tanto es sumamente fácil errar la respuesta. Luego, la persona que emite el mensaje aprovechará ese momento para establecer su control y dominio por medio del manejo de otros signos, la persona que emite el mensaje  podría seguir con una frase como “dime la verdad”, lo cual tensará más al receptor y lo hará dudar de su propia respuesta.

No se debe malinterpretar esto como que sólo las mujeres lo hacen, el lenguaje no es perteneciente a un género.

Por otro lado, en los medios de comunicación y principalmente durante las temporadas de campañas políticas encontraremos que el uso del lenguaje no es para establecer un dominio o control social, pero sí se usa para causar una reacción en los receptores.

El ejemplo de esto es la palabra “libertad”. Alex Grijelmo en su libro La seducción de las palabras, dice que ésta pertenece al grupo de “palabras vacías”, no porque carezcan de significado, al contrario, lo interesante de estas palabras es que cada persona rellenará con sus propias experiencias lo que significa la palabra libertad. Esta interacción del interpretante con el signo será lo fundamental del discurso del político, pues así éste asegura que las personas recibirán el mensaje justo como ellas quieren. En pocas palabras, entienden lo que les conviene. Sin embargo, esto es sólo una ilusión, debido a que la selección de palabras en el discurso está sujeta al efecto que quiera obtener aquella persona que emite el mensaje.

Sin embargo, el discurso no tiene una pertenencia, son las personas quienes a través de un proceso semiótico, lo usan como una forma de expresar o validar ciertas cosas en el ámbito social. Los insultos también usan su propia semiosis y actualmente han devorado conceptos que por definición no podrían serlo.

Y ése será el tema de la siguiente semana: La semiótica de los insultos.

Los estereotipos y la publicidad

Podría parecer poco educado decir que los estereotipos, contrario a lo que se cree, en realidad tienen una excelente función social. La razón radica en la simplicidad para entender ciertos comportamientos en otras personas o grupos.

Debido a la gran cantidad de personas que viven en este mundo, nuestro cerebro busca una forma de simplificar o de categorizar a las personas con base en ciertas características. Los estereotipos toman entonces una función social indispensable y a la vez inevitable, ya que nuestro cerebro lo hace prácticamente en automático.

También tiene una función de identificación, los individuos pueden saber mejor a dónde pertenecer al recurrir a los estereotipos para encontrar un lugar de identificación a través del proceso: “yo no soy eso, por tanto no pertenezco ahí, pero sí soy esto otro y tengo afinidad con esto, por tanto podría encajar ahí”.

El lugar de donde surgen los estereotipos es de la sociedad misma, sin embargo es innegable la influencia directa de la publicidad. En el tema que se abordó la semana pasada se hace referencia a las diferencias que existen para vender productos a niños y niñas, el mismo análisis puede aplicarse a la publicidad dirigida a un público adulto.

La función principal de la publicidad es que las personas consuman el producto o servicio que se está promocionando. Entre sus otras funciones podemos encontrar el segmentar ciertas características de la población con finalidad de crear un público meta o target, el público específico al que se dirigirá cierto producto o servicio.  Esta segmentación tomará como base características generales como el sexo, la edad y el nivel socio económico. Después partirá a características particulares que estarán en función del mismo producto o servicio que se quiera promocionar.

Sin embargo, como en el caso del tema de la semana pasada, encontraremos ciertas generalidades, las cuales, de cierta forma, no han cambiado significativamente desde los años 50. El estereotipo se perpetúa en el momento en que es usado para vender ciertos productos atribuyéndoselos exclusivamente  a hombres o mujeres.

Ejemplo de lo anterior es la publicidad que se transmite en televisión, en el caso específico de productos de limpieza, las mujeres tienen un rol principal apareciendo en prácticamente todos los anuncios de este rubro. Pero cuando se trata de vender algún producto como un auto de lujo, aparecerá un hombre de mediana edad vistiendo traje.

La idea asociada al éxito estereotípico de cada uno se basará en: Si eres hombre, el poder o una posición ventajosa en el trabajo, o, simplemente éxito laboral, uso de trajes mayoritariamente en color negro, tener una edad de más de 30 años y menos de 50, poseer un auto de lujo o deportivo.

En las mujeres: belleza física en general (impuesta por parámetros de los mismos productos), ser delgada y joven. Ser una madre con pleno control de la casa y cuidar a los niños. Y en el caso de tener cierto éxito laboral, la publicidad suele mostrar a estas mujeres con rasgos masculinizados.

No todo en la publicidad es únicamente malo, como dije al principio, nos provee de la información que necesitamos para categorizar a las personas y poder interactuar con ellas. El cerebro busca simplificar las tareas de sociabilización a partir de ciertos paradigmas que pueden (y en muchos casos deben) ser cambiados para tener una vida social saludable.

Por otro lado, encontraremos que la publicidad ayuda a perpetuar ciertos estereotipos, sin embargo la misma se encarga de que éstos prevalezcan. Podemos decir que la creación y perpetuación de estereotipos recurren a características histórico-sociales-mediáticas y tienden a ser cíclicos con los medios de comunicación.

Deberíamos dejar de pensar en los estereotipos como algo malo y en lugar utilizarlos a nuestro favor, eso sí, romperlos o remoldearlos cuando sea necesario. Al igual que muchas otras cosas, se deben actualizar constantemente con base en los nuevos paradigmas sociales.

 

La próxima semana: El lenguaje y el comportamiento